Hace tanto que no vuelvo a tus brazos
que el bosque gélido del comedor
se alimenta de mis huesos
Hace ya tanto de tus besos
que voy olvidando lentamente su sabor.
El reloj miserable y el un mundo cero amabilidad
confabulan y me gana todas las batallas
y el corazón pierde la ultima partida
contra el destino que juega con las cartas marcadas.
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